Raleigh...


Me gusta andar en bici.
En realidad, me gusta mucho andar en bici...
Por eso enseguida me sentí atraída por este gif animado que, sin mostrar la escena completa, me trajo un sinfin de recuerdos y de sensaciones placenteras. Pero mucho más aún cuando noté que en el cuadro de la bicicleta está la marca: Raleigh... Bicicleta inglesa.
Esta es más moderna, pero nunca voy a olvidar la Raleigh en la que aprendí a andar y en la que me dí un sinnúmero de golpes y con la que hasta casi pierdo los dos dientes delanteros (las paletas, que le dicen)

Haciendo cálculos, la bicicleta que menciono debe tener hoy (si aún existe) unos 89 años. Era la que le regalaron a mi abuela materna cuando cumplió sus 15 años. La heredó mi mamá y acompañó toda mi infancia y adolescencia hasta que un día, cuando estábamos por dejar Castelar, la llevaron a casa de un familiar y nunca más supe qué fue de ella.

Cuando empecé a andar con esta bicicleta tenía 8 años. Era pesadísima porque los caños del cuadro eran de hierro puro. Además era rodado 26. Demasiado grande para mí, por eso tenía que andar parada...

Como dije, tuve montones de caídas y golpes hasta que aprendí y hasta que la pude dominar. Pero los más importantes fueron dos: el primero fue contra un poste de la luz! No sé si pisé algo o qué pasó, pero lo cierto es que de pronto ví que enfilaba derechito al poste y no pude frenarla. Resultado: volé de la bicicleta y la rueda delantera, a pesar de lo dura que era, quedó hecha un 8 y mi mamá casi me mata...
Y el segundo golpe no fue tan fuerte, pero sí que casi tiene consecuencias más serias. Había parado en la puerta de una casa no sé para qué. Cuando quiero arrancar de nuevo, la rueda hizo tope con una saliente del zócalo. Al golpear y como iba parada, la cara fue contra el manubrio y pegué con los dientes en la parte donde está fijado al cuadro. Consecuencia: me astillé uno de los dientes delanteros y el otro no, pero de pura casualidad. El dentista tuvo que emparejármelo y suavizarlo con el torno. Un espanto!! Pero pudo ser peor si me lo tenían que sacar, claro... y aún hoy me estaría lamentando.

Pero mi amor por la bicicleta sigue incólume y siempre será así. Y por aquella en especial. Por su historia familiar y porque fue la que me permitió empezar a tener algo así como una primera sensación de libertad.

En fin. No sé si a alguien pudo interesarle esto, pero qué me importa!! jajajaja