Un punto...


Es así que todo empezó, como en el vacío de esta hoja en blanco donde mi lápiz sólo se atrevió a ensayar un punto. Es desde un punto en el vacío pavoroso que estalló la vida y se expandió sin tiempo en una suave y curvada línea que al fin retorna, como fiel amante, al tierno descanso del punto final. Y allí se duerme para reparar en un sueño melodioso y azul, las almas maltrechas y las palabras ajadas.

Un punto eterno que estalla incontenible (o que se apaga quedamente en la plenitud del vacío) es todo lo que hay y todo lo que habrá. Lo eterno de la vida y de la muerte, el caos latente de lo que está por ser y no ser.

Es así que todo empezó y todo empezará en un punto.
Un punto perfecto, sin bordes y sin centro. Un círculo casi nulo, continente de la nada y también del todo.
Un punto invisible, inasible e inaccesible, tan pequeño como un infinito y tan inmenso como una lágrima no llorada.

Convergencia de toda la luz y de toda la sombra; de todas las palabras y de todos los silencios.

El nudo eterno; la síntesis esencial; la conciencia unificada...


El tiempo sin tiempo...


Como mínima luciérnaga emergiendo tímida desde el fondo oscuro y denso del cosmos infinito, así empezó este tiempo sin tiempo mío. Minúsculo destello de luz transmutado en pasajera desorientada e indefensa que mira por la ventanilla de la vida sin comprender ni el paisaje ni el sentido ni su último destino.

Una insignificante estrella fugaz que fulgura por un segundo en el cielo profundo de la eternidad. Un alma encarnada que apenas comienza a entender que sólo percibe pasados, que todo lo que cree conocer es lo que ha aprendido tiempo atrás. Mente equivocada y febril que supone imaginar lo que es inimaginable y que construye futuros proyectando los errores maquillados de sus propios pasados.

Absurda cazadora de presentes inasibles, escurridizos e imposibles. Presentes que se escapan con el vértigo con que los futuros huyen de la percepción y de las ilusiones y que desde mi ventanilla sólo puedo ver como uno tras otro van quedando atrás, lejanos y perdidos en nuevos pasados.

La materialidad de mi cuerpo, los sentidos falibles, la mente entrenada para reconocer lo que supongo concreto y tangible, el ego construído a los golpes y a ciegas, los sentimientos condicionados por la realidad de lo irreal. Todo, en definitiva, será pasado. Seré pasado para esta ficción nacida de la ilusión de lo temporal, pero cuando regrese al infinito profundo del tiempo sin tiempo seré presente perpetuo.