Páramo...


Conservo palabras grabadas en el aire, palabras de letras aladas buscando horizontes como pájaros libres y con el canto tenue de una nube pasajera.
Hay miradas que penden con dolor desde las alturas inciertas de cada recoveco del alma y en alguna foto que resiste el tiempo y los olvidos.
Retengo bajo la piel mil gestos, silencios y pasos, pero he perdido para siempre la melodía de tu voz y la tímida frescura de tu risa.
El mundo ahora es un páramo despojado de amores. Un paisaje tan oscuro y lúgubre que tu luz espejada en mil estrellas por momentos me encandila el corazón pero que al fin, en las mañanas, es mi guía, mi destino y mi razón...

Cuando lo turbio nubla la mente, cuando la indolencia araña la piel y el dolor consume las fuerzas; cuando no hay quien escuche mi voz ni sendero que me lleve a la paz. Cuando la oscuridad lo es todo y el miedo me abraza, aún estas allí. Aún estás aquí...

Mi alma es hoy un desbande de negras mariposas, un desmadre de aguas tristes, un incierto espejismo de amores perdidos...

Ausencias...


Duele el peso de las ausencias igual que duele la cruz cuando del Cristo sólo quedan en el madero las mudas cicatrices de los clavos.
Duelen las ausencias vestidas de presencia perpetua, cuando no hay razones ni ilusiones que consuelen ni palabras que las abarquen. Cuando siento que la vida no es más que el triste testimonio de lo que fue, de lo que la muerte se empeña en arrebatarme.

Juro que vi el rostro oscuro y cruel de la muerte. Una noche pasó apurada ante mis ojos anunciando lutos, penas y vacío. La presentí también en las últimas miradas de miedo y de desolación que me negué a entender o aquella tarde en que inútilmente me quedé esperando una última palabra hasta que un garfio helado me arañó la espalda.

Podría decir que ya no le temo pues poco me queda si se ha llevado lo mejor de mí. Sólo le pido no más penas ni dolores nuevos. Que me lleve cuando esté dormida y mientras en sueños abrazo a los ausentes.

En tanto, el corazón se desgaja como flor amarga que sangra en silencio lágrimas de rocío.


Memorias de la bruma...


Como bruma llegaste hasta mi almohada en una bocanada de aire antiguo, deslizándote entre lejanas lágrimas de amor angustiado que ya creía secas y olvidadas.

Regresaste desde algún futuro incierto del pasado, abrazando recuerdos de pasión y de dolor que no sé si fueron algún día o son todavía.

Palpé a ciegas aquel amor en la oscuridad de mi silencio, te saboreó mi cuerpo dolido y te abracé entre las piernas en un estéril intento por evitar que escaparas otra vez de mis poros abiertos y de la tibieza recobrada de la almohada.
En el centro de mi muro inasible de roca y algodones se abrió el cerrojo de una puerta sin goznes ni llave. Tal vez fuera la puerta del alma, quizá la de un delirio onírico sin otro propósito que reabrir heridas y atizar las cenizas de una pena...

El alma duele en el cuerpo...


Si existiera el tiempo el futuro sería un punto incrustado en un rincón del círculo oscuro de la nada, y si entonces existiera mi futuro sería ese punto, vacío y anodino, en el centro del silencio quejumbroso, en el fondo de un volcán dormido, en el suspiro de un cadáver recién nacido.

El alma duele en el cuerpo y el corazón se cierra en un puño, aterrado, rígido como el miedo al miedo, como aquel punto en el centro de la nada. Se eterniza el martirio del dolor de cada día y de toda hora. Se aposentan el insomnio repetido y las noches vencidas.

Pero qué es un punto sino algo informe con fronteras inciertas o tal vez un mínimo horizonte encerrado en sus silencios. Yo necesito cielos abusivos, de infinitos que precisan de miradas inacabables para huir de este cerco de cemento y de furia, de las noches que oprimen, de los corazones dormidos, de las almas ausentes que queman como lágrimas. Escapar incluso de mí misma pues mis sueños y mis pasos ya no tienen meridianos que alcanzar y a mis ojos los abruman los ayeres...

Y entonces camino por el desfiladero de la desesperanza con la ilusión del pragmático de un lado y la fe de los ateos del otro.


Vibrato...


"Nada está inmóvil. Todo se mueve, todo vibra"

Hermes Trimegisto

Ni tu voz se ha silenciado,
ni quedó a oscuras tu mirada
y hasta tus pasos tan dolidos
se han negado a descansar.

Yo aún te sigo viendo
en el aura de las noches,
en la breve curva de mi letra,
en la triste garúa del otoño. 

Te veo siempre a través de la miríada de espejos ilusorios que cubren el universo y que replican tu imagen hasta en la sal de mis lágrimas sin nacer. Así recuerdo tus sonrisas y tus gestos y reconozco los torbellinos de amores perpetrados, de deseos descarnados y de pasiones ansiadas que girarán por siempre a tu alrededor...

Sé que hoy sigues conmigo
o tal vez quedó adherido
en la piel de mi memoria
algún beso que he perdido
o ese abrazo postergado.



De regreso...


La verdad puede eclipsarse, pero no extinguirse.
Tito Livio (64 aC - 17 dC) Historiador romano.

La verdad existe. Sólo se inventa la mentira. 
Georges Braque (1882 - 1963) Pintor francés.


Llevo adentro, en el centro cristalino de mi alma, la verdad madre. La piedra angular de mi ser que escrupulosamente oculto hasta de mí misma. Tanto quise protegerla de mis propios pensamientos que olvidé el camino de regreso y la llave que abre su candado.

Con su paz inmanente me espera con paciencia, segura del triunfo...

Poco a poco me iré arrancando las máscaras corroídas por las verdades falsas, las mentiras concretas y las dudas certeras. Uno por uno romperé los cínicos espejos que me confunden y me hunden en las ambiguas percepciones de las noches de lunas ausentes.

Siento los pasos cansados y bajo mis pies crujen, como hojas vencidas en otoño, los miedos anquilosados y las pequeñas penurias cotidianas y aunque aún no encuentro el camino, todavía sigo andando...

Un punto...


Es así que todo empezó, como en el vacío de esta hoja en blanco donde mi lápiz sólo se atrevió a ensayar un punto. Es desde un punto en el vacío pavoroso que estalló la vida y se expandió sin tiempo en una suave y curvada línea que al fin retorna, como fiel amante, al tierno descanso del punto final. Y allí se duerme para reparar en un sueño melodioso y azul, las almas maltrechas y las palabras ajadas.

Un punto eterno que estalla incontenible (o que se apaga quedamente en la plenitud del vacío) es todo lo que hay y todo lo que habrá. Lo eterno de la vida y de la muerte, el caos latente de lo que está por ser y no ser.

Es así que todo empezó y todo empezará en un punto.
Un punto perfecto, sin bordes y sin centro. Un círculo casi nulo, continente de la nada y también del todo.
Un punto invisible, inasible e inaccesible, tan pequeño como un infinito y tan inmenso como una lágrima no llorada.

Convergencia de toda la luz y de toda la sombra; de todas las palabras y de todos los silencios.

El nudo eterno; la síntesis esencial; la conciencia unificada...