La sombra de la duda...


En muchas ocasiones, las sombras suelen ser mucho más interesantes que el objeto o la persona que la proyecta. A no ser, claro, que nos atreviéramos a considerar la posibilidad inversa: Que sea la sombra el origen de ese objeto o persona...
Creo que como en todos los casos y para todas las circunstancias, eso depende de nuestra percepción y de la manera en que nos observamos a nosotros mismos y al mundo que nos rodea. El mundo que creamos en nuestra mente.
Lo único que podemos tener por seguro es debemos convivir con una duda que lleva a otra duda, y es que si no existieran las sombras dudaríamos de si nosotros mismos existimos o si somos la ilusión de alguien más. La creación simbólica en la mente de otra persona, de otro ser. Cosa que, por otro lado, persistirá por toda la eternidad como una suerte de duda básica del ser humano.