Mis tiempos...


Sólo un día y mis cabellos y mis manos se resecan de nostalgia.
Mi piel toda. Los ojos te retienen, obstinados y mis labios con tus labios se han quedado.
Mis silencios y tus palabras.
Tus miradas y mis rubores...

Un día, unas horas, diez segundos...

No importa el tiempo. No importa lo que no existe.
No me rigen las agujas del reloj ni sus infinitos granos de arena de un lado u otro del botellón.
Sólo los abrazos que no tengo. Los besos que no me besan. El aliento que me falta.

El sueño se demora y las lágrimas se acercan al precipicio de estos ojos.
Si tan sólo me durmiera cuando lo ruego, me amarías cuando quisieras!

Y cuando toda yo ya desfallezco, cuando pareciera rendirme sin remedio a la tristeza, cuando la almohada se apresta a ahogarme en su blandura, te acuestas junto a mí y tus manos me recorren en mil sueños y tus brazos me cobijan desde adentro. Y estás aquí aún no estando. Como nunca, como siempre...

Y los abúlicos relojes siguen su camino, petulantes y cínicos.
No me importa el tiempo. No me importa lo que no existe.
No me rigen las agujas de un reloj.
Me gobiernan tus presencias y tus ausencias, como si de los ciclos eternos de la luna se tratara.
Mis tiempos están marcados por la cadencia de tus pasos en la vereda cuando llegas y en mi alma cuando te vas...