Cartas amarillas...


Las cartas de amor que guardamos durante años, si sabemos metabolizar los sentimientos, no son un triste recordatorio de lo que ya no es.

Cada mañana salen por la ventana de nuestro cuarto a volar montadas en la brisa fresca de las primeras horas. Tienen alas de palabras y mil plumas de letras blandas…

No es el tiempo el que las tiñe de amarillo. Mucho menos aún el olvido. Es el sol tierno del alba y la dulce memoria sobre nuestra piel…