Pas de deux...


Majestuosa danza de la que somos simples pasajeros. De la que no participamos más que intuitivamente. Testigos mínimos, asomados tras los visillos de la realidad.
Aprendimos que allí está toda esa maravilla y sin embargo no la palpamos porque ni nos acordamos que existe. Tan ensimismados en lo pequeño que tenemos delante de nuestros ojos irritados por las pantallas y los horrores reales e imaginarios. Tan ajenos a lo grande por concentrarnos en lo pequeño...
Y somos nosotros mismos quienes lo hacemos tan terrorífico a veces, siendo un enorme reservorio de maravillas…
O mejor, la maravilla misma!
Un sincronizado ballet cósmico. Una danza gigantezca y mágica, continua y envolvente. Con ella nos deslizamos a su ritmo y capricho y sin siquiera darnos por enterados...

Y de todo nos perdemos por sumergirnos en nuestros mundos de egoísmos, hedonista y egocéntrico, colmado de pequeñeces y mezquindades.

Perseguimos la ilusión de “ser alguien” y no de simplemente ser…