Mi lugar en el mundo...


Hay un lugar en este mundo que me contiene, que a veces me acaricia y me da refugio y otras me produce zozobra y acrecienta miedos e inseguridades.
Un espacio virtual e intangible que siento a tiempo completo. Como si tuviera volumen, peso e incluso color, olor y sabor.
Por momentos es demasiado estrecho. Un calabozo cuyas paredes se desplazan reduciendo el aire y la luz. Otras es tan inmenso que no encuentro la manera de llenarlo, de habitarlo. Sin embargo, es el lugar al que siempre vuelvo porque es el que más conozco, a pesar de que ignoro casi todo de él. Y vuelvo aunque jamás me haya ido y aún cuando muchas veces deseé abandonarlo para siempre.

Es ese espacio tan íntimo y personal como insinúa la hermosa pintura de Katie Swaland. Ese recinto colmado de arrogancias y de gestos humildes; de belleza y fealdad; de ángeles y demonios; de nuevos desafíos y de viejas resignaciones; de verdades y  mentiras; de sueños y pesadillas; de amores y desamores.

Un rincón del universo tan remoto y tan cercano. El único sitio donde puedo pisar con cierta seguridad aunque a veces sienta que estoy parada sobre las resbaladizas y absorbentes viscosidades de una ciénaga.

Soy yo misma. Mi interioridad, mi intimidad. Mi parte secreta y cómplice.
Mi alma. Tan fuerte y tan débil, tan grande y tan pequeña...