Madre salitre...



Viejo salitre que te revuelves
como gigante adormecido
y que en tus sueños tumultuosos
nos revives el pasado.

Tú me has visto algunas veces
en mi niñez despreocupada
buscar tus alas de espuma blanca,
¿no me recuerdas en tu placenta?

Yo te conozco de mucho antes
mi vieja madre originaria.
Mi antiguo hogar.
Cuna ancestral.

Antes de irme para volver
quiero encontrarte una vez más
y así llevar en mis arrugas
tu savia amniótica
y cerrar el círculo.

Y que me engendres una vez más
y tras el parto de iodo y sal
me acunes suave entre tus olas
y me protejas de las ventiscas
con una manta de luna blanda.
Y al despertar en la mañana
con un sol tenue y acogedor,
mamar la leche de las estrellas
que acumulaste en plena noche.
Y al tiempo justo buscar un vientre
de carne viva y sangre caliente
que me cobije por nueve lunas.
Y así volver a intentar caminos,
a buscar respuestas a nuevas dudas,
a agregar más dudas a las respuestas.
A preguntarme qué hago aquí...

Mariel