La danza...


Hace un tiempo miraba la luna a través de un telescopio y me resultaba notable cómo debía corregir constantemente la posición del artefacto debido al movimiento de rotación de la Tierra. En pocos segundos, la luna ya había salido del campo de observación.

Usando un telescopio este fenómeno es más notorio que si miramos a simple vista. Sin embargo, hace unos meses estaba en el jardín de mi casa a la hora en que ya era más noche que tarde. Estaba mirando las primeras estrellas que aparecían y sin darme cuenta encontré en el filo de la pared de la casa un punto de referencia ideal para constatar cómo todo el cielo parecía realizar una lenta y majestuosa danza. Las estrellas iban desapareciendo poco a poco tras la pared de la casa y las podía seguir perfectamente con la mirada.

Ayer, en cambio, estaba también en el jardín de casa, pero a la tarde temprano. Miraba hacia la calle y me detuve en las sombras que proyectaban las rejas del frente de la casa sobre el asfalto. Ya eran cerca de las 5 de la tarde, por lo que las sombras ya estaban bastante alargadas. Tomaba como referencia una imperfección del asfalto o una piedrita suelta y podía hasta “sentir” el movimiento del planeta a través del “dibujo” que trazaban las sombras y que se iban alargando y alcanzando las referencias que yo había tomado. Era como si una mano invisible fuera sombreando el asfalto lentamente, con cuidado y delicadeza. Tan cuidadosa y lentamente que las hormigas que eventualmente deambulaban por allí buscando algo que llevar a su hormiguero, le ganaban con absoluta facilidad y soltura la carrera a las sombras.

Pero ambos casos me produjeron sensaciones similares. Me sentía una observadora privilegiada de un fenómeno tan común como poco percibido. Porque dudo que haya muchas personas que dediquen unos minutos a observar este tipo de cosas. Por lo general andamos siempre apurados o con nuestra atención plenamente dedicada a leer algún mensajito en nuestro celular…

La sensación más maravillosa fue que hasta creía sentir una especie de murmullo producido por el movimiento de la Tierra y de todo en el cielo. Como dije, como si fuera una danza majestuosa a la cual yo estaba invitada.

Pero si pienso en los números que estos movimientos simbolizan o representan, es algo que produce escalofríos… pero escalofríos de pura emoción.

Hace un tiempo publiqué otro post en el que mencionaba la velocidad a la que viajamos montados en esta nave espacial tan particularmente maravillosa. Viajamos a través del espacio a la alucinante velocidad de unos 108.000 kilómetros por hora. O sea, a 1.800 kilómetros por minuto! Un ejemplo muy simple para tomar conciencia de lo que esto significa es pensar que cuando salimos del cine después de ver una película de 90 minutos de duración estaremos a 162.000 kilómetros de donde estábamos al comenzar el film!!

Pero las estrellas que yo veía desaparecer detrás de la pared de la casa o las sombras que avanzaban inexorablemente hacia cada una de las metas que imaginaba, están dados por la rotación de la Tierra sobre su eje. Como ya saben, ese es el movimiento responsable de la sucesión del día y de la noche. De las alboradas en el Este y del ocaso en el Oeste… Este movimiento, este giro sobre su eje, el planeta lo hace a una velocidad aproximada de 1.700 kilómetros por hora!

Y nosotros que ingenuamente creemos que vivimos durante años en el mismo lugar!

Cada vez que me detengo a pensar en este tipo de cuestiones, lo primero que siento es pequeñez. Frente a fenómenos tan fuera de la escala humana me veo como poco menos que una partícula de polvo en medio de tanta grandiosidad. Sin embargo somos parte inseparable de todo ello. Es más, sin saberlo y por nuestra sola presencia vital, estamos siendo partícipes y modificadores en algún grado de todo lo que sucede aquí y en el universo. Porque somos la misma cosa y porque ya la ciencia demostró que el ADN es capaz de modificar hasta la esencia del universo mismo: LA LUZ. (Les sugiero leer La Matriz Divina, de Gregg Braden. Lo pueden encontrar en internet. No es un libro que habla de religión. Al menos en el sentido estricto del término. Más bien habla de lo que somos y de lo que podemos ser. Braden es científico y todo lo que él dice está basado en experimentos muy reveladores ya realizados hace pocos años)

Los escritos más antiguos conocidos de diferentes culturas antiguas (de hace al menos 7 mil años) ya sabían de la conexión íntima entre todo lo que existe en el universo y por supuesto, de la nuestra entre nosotros y con cualquier elemento universal. Pero la gran diferencia de estos días es que la ciencia empieza a demostrar lo que solamente se conocía por intuición o por observaciones que más tenían que ver con lo místico que con lo concreto. Ahora ambas apreciaciones parecen conjugarse en una sola verdad.

Mientras tanto, yo seguiré disfrutando de mi jueguito de escondidas con las estrellas y con las sombras proyectadas al atardecer…