Luces...


Apenas me doy vuelta descubro que ya no estoy.
Ese espejo tuyo me ha olvidado y sólo me queda aquel que he traído desde el vientre de mi madre. El mismo que me llevaré al vientre de la tierra. 
Al vientre eternamente breve de la muerte…

Cuando vuelva a verte después de una noche o de todas las noches, no harán falta los espejos para comprender que somos un rayo serpenteante. Un vívido fulgor. Un huidizo destello. 

Una luz tan cegadora y tan fugaz como tu amor y como el mío...