Cuando creo estar y no estoy...


Cuando imagino ser y no me puedo ver.
Cuando creo estar y no estoy...

Entonces es cuando más dudo de esta realidad de fantasía. 
Es cuando me convenzo de que nada existe sin mi consentimiento. 
Nada que se pueda ver o tocar puede ser real sin la aceptación del convencionalismo unánime de que sólo existe lo que se toca y lo que se ve. 
Que lo que la mente recrea constantemente es lo concreto, lo tangible.
Lo real…

Es allí, entonces, cuando me doy cuenta de que todo es una ilusión colectiva. 
Que lo real y lo que me hace universal e infinita no está afuera y la luz no lo alcanza. 
Que todo está dentro de mí y me trasciende. 
Me supera. 
Huye de mí sin abandonarme… 

Me expande.