Breve historia de muerte y resurrección...


Esa tarde se sintió inmersa en un espeso magma de sensaciones confusas. No entendía las señales que solapadamente le enviaba el cuerpo y la multitud de mitologías que su mente creó y recreó hasta el cansancio. No conectaba con sus íntimos deseos, esos impulsos tantas veces exultantes y tantas otras acallados. Estaba confusa e inquieta. Desordenada, dividida, esparcida, atomizada...

Hubo una tarde tormentosa piel adentro que nunca nadie comprendió, que nunca nadie percibió ni sospechó ni preguntó...

Sin un gesto de más y unos cuántos de menos se hizo silencio en el silencio, se hizo distancia inabarcable. Guardó en su bolso cada dolor y cada sonrisa perdida, los resabios de un amor desconocido, un pañuelo perfumado y el diario íntimo que nunca se animó a empezar. Suspiró leve y volvió la mirada hacia lo que ya era pasado. No quería memorias, sólo quiso desprender de su mirada lo que no volvería a recordar. Quedó una última lágrima en la tierra agrietada y lentamente su sombra y ella se fueron juntas para no volver...