La cuna vacía...


No puedo distinguir las luces de ayer. Las sombras se me adelantaron y se replican incansables; implacablemente.
Y mientras intento desbrozar los recuerdos, el silencio se mece como una cuna vacía, sin niño y sin arrullos. Una cuna que en el frío de su soledad tiene la virtud extraña de reflejar el dolor más intenso o las esperanzas más tiernas.

Hasta que al fin, entre memorias desperdigadas y maltrechas, me alcanza la noche para hacer que descubra que me ha quedado la mirada muda y perdida en el silencio y la voz a oscuras, absorbida por las sombras.

Entonces lloro...