Tres gemas...


El último viaje no será el último y tampoco el único. Será una travesía sin fin, solitaria y silenciosa en una barca pequeña y sin timón. No lo necesita porque este mar es inagotable e inabarcable.
Un mar sin sol, sin luna, sin lluvia. Sin vida propia, pero viviente. Colmado de vidas ajenas que se asoman y se sumergen, que aparecen y desaparecen...

Pero ahora, hoy, voy por un camino que conozco y que a la vez me es extraño. No sé hacia dónde me lleva ni cómo llegué hasta aquí; tampoco de dónde vengo. Si alguna vez tuve un rumbo, hace tiempo lo perdí. Creo que camino en círculos, por los estrechos pasillos de mi propio laberinto.
Tantos pasos he dado que ya no los sé contar, pero en los sueños los tengo presentes y los recuerdo. Los lugares, las caras, las sonrisas y las lágrimas. Las idas, las ausencias y los reencuentros que tuvimos y los que no pudieron ser. Las despedidas esperanzadas, las esperas sin fin y el dolor de los olvidos forzados. Todos los pasados se hacen presente para luego volver a lo que fue, incluso también mis sueños.
Los mismos errores e idénticos aciertos, que no son producto de mi mejor o peor actuación, de mis virtudes o defectos sino de circunstancias y lugares, de pasados o de presentes circunstanciales.
Me reencuentro con personas que nunca conocí o que no recuerdo en absoluto y sin querer me distancio de quienes siglos atrás compartieron mi vida con afecto y con pasión. Estoy segura de que algún día los volveré a encontrar, cruzando fronteras y encrucijadas dibujadas en el aire, porque todo esto no se trata de otra cosa que de una danza sin fin, una música que no cesa y los cuerpos que vuelven a girar, una vez y otra, con la cadencia de la melodía.

Sin embargo no sé hacia dónde voy ni por qué razón. Tal vez esté buscando las tres gemas que le dan sentido al alma, tres gemas perdidas en los archivos olvidados de éste corazón.
Mientras tanto cantaré una canción que jamás habré escuchado, pero que de alguna manera reconoceré mía. Una melodía que jamás conocerán ni los dioses ni los demonios.

Y al final, mi lápida dirá: "Ya no está aquí. Se fue al reencuentro de sus tres gemas"


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