La prisión...


Los barrotes de mi prisión los forjé pacientemente con multitud de dudas resistentes como el acero que el tiempo se encargó de asegurarlos por fuera con candados de miedos oxidados.

Tras los muros de piedra y frío se borraron horizontes y sueños. Las noches dejaron de ser amparo o aquel espacio inabarcable donde expandir el alma y los días se limitaron a contar los minutos con la monotonía exasperante de un mantra desgastado.

Rasguño con desespero cada hendija buscando una línea de luz para mis sombras, un aliento de rosas nuevas, una gota de sal del mar de mis eternos o alguna sonrisa extraviada en la maraña de los olvidos. Buscando ser una vez más...