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La prisión...


Los barrotes de mi prisión los forjé pacientemente con multitud de dudas resistentes como el acero que el tiempo se encargó de asegurarlos por fuera con candados de miedos oxidados.

Tras los muros de piedra y frío se borraron horizontes y sueños. Las noches dejaron de ser amparo o aquel espacio inabarcable donde expandir el alma y los días se limitaron a contar los minutos con la monotonía exasperante de un mantra desgastado.

Rasguño con desespero cada hendija buscando una línea de luz para mis sombras, un aliento de rosas nuevas, una gota de sal del mar de mis eternos o alguna sonrisa extraviada en la maraña de los olvidos. Buscando ser una vez más...


Para volar...


Buscó mil formas de volar para llegar a alturas que nadie hubiera alcanzado jamás…

Y pensó mil y una maneras. Y miles más…

Finalmente, un día descubrió que para alcanzar los infinitos sólo hacía falta cerrar los ojos e imaginar…


Breve historia de muerte y resurrección...


Esa tarde se sintió inmersa en un espeso magma de sensaciones confusas. No entendía las señales que solapadamente le enviaba el cuerpo y la multitud de mitologías que su mente creó y recreó hasta el cansancio. No conectaba con sus íntimos deseos, esos impulsos tantas veces exultantes y tantas otras acallados. Estaba confusa e inquieta. Desordenada, dividida, esparcida, atomizada...

Hubo una tarde tormentosa piel adentro que nunca nadie comprendió, que nunca nadie percibió ni sospechó ni preguntó...

Sin un gesto de más y unos cuántos de menos se hizo silencio en el silencio, se hizo distancia inabarcable. Guardó en su bolso cada dolor y cada sonrisa perdida, los resabios de un amor desconocido, un pañuelo perfumado y el diario íntimo que nunca se animó a empezar. Suspiró leve y volvió la mirada hacia lo que ya era pasado. No quería memorias, sólo quiso desprender de su mirada lo que no volvería a recordar. Quedó una última lágrima en la tierra agrietada y lentamente su sombra y ella se fueron juntas para no volver...

Prisionera de la libertad...


Caminó en silencio para huir de los silencios.
Se fue despacio para apurar la despedida…
Olvidó el equipaje para recordar la libertad…

Bajó la mirada para ir más alto
y a l fin cerró sus ojos para ver más lejos...

Alturas...


Buscó mil maneras de volar intentando llegar a alturas que nadie hubiera alcanzado jamás…
Y pensó mil y una. Y miles más…

Hasta que un día, al fin, descubrió que sólo hacía falta cerrar los ojos e imaginar…

Historias al viento...


Necesito con urgencia encontrar un lugar. 
Un espacio generoso en amplitud y serena energía. 
Y dejar la mente libre y silenciosa. 
Aquietar los pensamientos. 
Acallar mi propia voz interior para escuchar voces, sonidos lejanos y músicas nuevas. 
Abrirle el corazón al viento para que me susurre al oído sus eternas historias de lejanos lugares y de personas ignotas que cuentan penas, esperanzas y alegrías. 

Que cantan. 
Que callan.
Que suspiran...

Historias nuevas. 
Historias tan antiguas que apenas son audibles... 

Historias siempre llenas de sabiduría…

De cargas y de caminos...


Cada día es un último día. Cada momento es un último momento. Es el instante que esperé, que construí durante tanto tiempo, durante tanta vida. Es la oportunidad de dejar al fin de acarrear las cargas del pasado.

El camino ha sido muy largo, demasiado tal vez.
Pero en este mundo lleno de límites y condicionantes, de ataduras concretas o subjetivas. 
Del bien y del mal mimetizados, amontonados, pisoteados, transformados en odios y amores enfermizos...todo termina. 
En este mundo siempre y para todo, hay un final…
Lo vivido siempre irá conmigo pero sin culpas ni remordimientos. 
Desde hoy, desde ahora así será. 
Como fue siempre, aunque jamás antes lo supe...

No hay otra manera de seguir este camino...
No hay otra manera de llegar hasta el final...

Sensaciones...

El aire salado y el murmullo de las olas.
La espuma blanca sugiriendo el rumbo, dibujándolo brevemente. Como sin querer.
La arena mojada que talla el efímero camino recorrido...
El horizonte sin fin...
El viento en mis mejillas...
El paso seguro...

La inequívoca sensación de libertad…