Mostrando entradas con la etiqueta Filosofía barata. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Filosofía barata. Mostrar todas las entradas

Respuestas...


Porque hay veces que sobran las palabras.
Porque a veces las palabras no alcanzan.
Porque sé que a veces me faltan las preguntas.
Porque nunca las preguntas sobran.
Porque valen más las preguntas que las respuestas.
Porque hay preguntas sin respuestas.
Porque no hay respuestas sin preguntas.
Porque todo tiene un por qué.
Porque no siempre conocemos el por qué.
Porque no siempre sabemos las preguntas.
Porque la duda vale más que la certeza.
Porque la certeza nace de una duda y muere en otra duda.
Porque hay días que amanecen anochecidos.
Porque el destino no está escrito, ni en el cielo ni en el alma.
Porque el destino, si está escrito, niega la libertad.
Porque el olvido se hace llaga o termina en cicatriz.
Porque un momento es eterno.
Porque el tiempo es una paradoja.
Porque el tiempo es memoria proyectada y esparcida.
Porque el presente es un punto.
Porque pasado y futuro en este punto no existen.
Porque todo existe porque existo.
Porque la muerte no es quietud.
Porque la vida se nutre de la muerte.
Porque la muerte comienza con la vida.
Porque la vida está llena de vacíos.
Porque los vacíos se llenan con vida.
Porque nadie se explica de qué va la vida.
Porque imaginar que la muerte es oscura es que la vida nos parece luz.
Porque la luz necesita de la sombra.
Porque el universo es poesía.
Porque el silencio es la música interior.
Porque la poesía son los silencios en armonía.
Porque aprendí a reír de tanto llorar.
Porque los ausentes no dejan de volver.
Porque antes de cada final hubo un comienzo.
Porque antes de cada comienzo hubo un final.
Porque en cada partícula están la nada y el todo.

Porque no existe el porque sí...


Filosofía barata y relojes de goma...

De pronto me pareció encontrar una cierta analogía entre la noción que tenemos del tiempo y los vientos. Imaginé que el tiempo se mueve más o menos como el aire, como los vientos que son masas de aire atraídas hacia las zonas donde la presión atmosférica está lo suficientemente baja como para necesitar llenar el espacio físico "vacío" con un volumen de aire suficiente como para restablecer el equilibrio.
De este modo, el aire se mueve en todas direcciones, inclusive al mismo tiempo (según sus alturas se mueven en diferentes direcciones) y dependiendo de lo que se necesite.
Se me ocurre que el tiempo podría obedecer o pareciera obedecer a una lógica similar.
El aire se mueve por razones físicas y cuando lo hace, produce efectos pequeños o grandes en la naturaleza, en las cosas y en nosotros. Esto es objetivo. En cambio el tiempo se rige por variables psicológicas y por lo tanto, personales y únicas. También produce efectos de distinto tipo en la naturaleza, en las cosas y en nosotros, pero no deja de ser una variable subjetiva (y por subjetiva, intangible). Pero también se mueve. Como sucede con el aire, el tiempo no es algo estático ni es lineal. Creemos que es lineal porque sólo somos capaces de imaginarlo por el movimiento de las agujas del reloj, un mecanismo ajeno al tiempo mismo (suponiéndolo un "objeto" real) pero gravitante en nuestro consciente y subconsciente.

El aire y el supuesto tiempo son muy antiguos y también son impalpables, invisibles, escurridizos e impredecibles. En distintas capas atmosféricas o en diferentes dimensiones de la conciencia, el aire y el tiempo se pueden mover al mismo tiempo hacia un lado o hacia otro. Incluso en innumerables direcciones a la vez.
En lo consciente, el tiempo nos parece moverse siempre "hacia adelante", pero en el subconsciente se mueve en cualquier dirección y aleatoriamente.

La comparación entre ambos fenómenos sólo tiene el propósito de ejemplificar para mí misma la idea sobre el tiempo con algo que sí es conocido, que sí es verificable empíricamente. Lo demás es simple especulación personal para intentar explicarme este fenómeno, que es mucho más inasible aún que el aire...

Pueden existir en éste o en otros universos infinidad de planetas con aire similar al nuestro, indispensable para que exista vida al menos como la conocemos. Sin embargo los movimientos de ese aire dependerán de la distribución de los continentes, del tamaño de los mares, etc. Pero los vientos ocurrirían, imagino, de manera más o menos igual que aquí.
Pero si allí existieran seres inteligentes, tendrían con seguridad otra escala para medir el tiempo, ya que no es una variable física.
Esos seres deberían ajustar sus mecanismos de medición dependiendo del tamaño del planeta (tardaría más tiempo o menos en rotar que la Tierra). Lo mismo para calcular la duración de cada año, ya que dependería de cuánto tiempo (perdón por la palabra) le demoraría dar la vuelta completa alrededor de su sol.

En definitiva tanto nosotros como esos posibles seres inteligentes de cualquier otro planeta, usamos la variable "tiempo" y lo medimos de acuerdo a los parámetros físicos de cada planeta. Es decir, el tiempo como tal no es único y mucho menos uniforme. Un metro será un metro en cualquier lugar del universo, en cambio un minuto no será igual a lo que nosotros conocemos en la Tierra.

Como dije antes, el tiempo es un fenómeno absolutamente subjetivo y por lo tanto, personal e irrepetible. Habita entre las infinitas capas del subconsciente humano, por eso su paso no sólo no es lineal moviéndose en una sola dirección sino que es absolutamente anárquico y hasta impredecible para cada persona, aunque el reloj y el calendario me quieran convencer de lo contrario...


Luces y sombras...


No es la luz la que modela las formas sino que son las sombras, ni es la voz la que identifica a las personas, sino sus palabras, así como no son las palabras las que revelan las personalidades, sino los silencios.

No me espanta lo que ven mis ojos, sino lo que creo percibir desde atrás de ellos...

No es mi destino el que me define, sino mis pasos...


Un punto...


Es así que todo empezó, como en el vacío de esta hoja en blanco donde mi lápiz sólo se atrevió a ensayar un punto. Es desde un punto en el vacío pavoroso que estalló la vida y se expandió sin tiempo en una suave y curvada línea que al fin retorna, como fiel amante, al tierno descanso del punto final. Y allí se duerme para reparar en un sueño melodioso y azul, las almas maltrechas y las palabras ajadas.

Un punto eterno que estalla incontenible (o que se apaga quedamente en la plenitud del vacío) es todo lo que hay y todo lo que habrá. Lo eterno de la vida y de la muerte, el caos latente de lo que está por ser y no ser.

Es así que todo empezó y todo empezará en un punto.
Un punto perfecto, sin bordes y sin centro. Un círculo casi nulo, continente de la nada y también del todo.
Un punto invisible, inasible e inaccesible, tan pequeño como un infinito y tan inmenso como una lágrima no llorada.

Convergencia de toda la luz y de toda la sombra; de todas las palabras y de todos los silencios.

El nudo eterno; la síntesis esencial; la conciencia unificada...


El pasado perpetuo (o el tiempo esférico)


 "Lo que fue, será. Lo que ha de ser, ya ha sido.
Y todo ocurre como si la lluvia que cae del cielo
lo hiciese en respuesta a la plegaria del jardín sediento"

Zohar

El futuro es un relámpago que nace y muere casi al instante. El  trueno llega al mismo tiempo, pero se vuelve un eco del pasado que sucede al rayo y su voz grave y quejosa se extiende y se alarga más allá de la muerte del rayo. Es un eco que recuerda el pasado, aunque se vuelve presente y futuro en el mismo instante.

Alguna lejana similitud hay con la percepción del tiempo que solemos tener. Nuestro presente es el resultado del pasado y somos más pasado que presente y futuro (que inevitablemente se encoje) El futuro se alimenta de ambos, de presente y de pasado, hasta que muere siendo pasado. Un pasado que, por otra parte, inevitablemente siempre vuelve, como un eco de nosotros mismos, de nuestras vivencias, experiencias y circunstancias presentes y futuras.
Es que realmente el tiempo es tan sólo una ilusión donde pasado, presente y futuro son uno y nada más que uno. Estamos constantemente en el umbral entre uno y otro. Un umbral que podemos llamar presente, pero que no podemos definir, ni ver ni apreciar porque se esfuma antes siquiera de llegar a pensarlo...

En última instancia, creo que el tiempo es circular. O mejor que eso aún: el tiempo es esférico...
Como si camináramos en línea recta sobre la Tierra hasta completar una vuelta entera. Creeríamos ir en línea recta y siempre hacia adelante. Sin embargo haríamos un recorrido curvo girando siempre sobre el mismo centro y terminaríamos llegando al punto de partida...

Una esfera en la que el pasado no tiene fin y el futuro sí y el presente se puede ubicar en cualquier punto de la esfera porque dentro de la ilusión que es el tiempo, el presente es directamente una quimera...

Preguntas...



Estoy aquí, en este lugar impreciso, sin tiempo ni espacio concreto, en medio de una falacia de fechas y de fronteras.

Estoy y me pregunto, pero las respuestas no llegan.

Estoy y soy porque sé que me encuentro en un punto entre la vida y la muerte. En un lugar ubicado a continuación de la nada, cuando sólo era una idea o una ilusión, y antes de ese otro lugar tan temido e ignorado y que es la mayor certeza de la vida: la muerte.

Estoy no sé hasta cuando ni hasta dónde.

¿O será que me estoy haciendo las preguntas equivocadas?
¿Vine de la nada?
¿Qué es la nada? ¿Será la muerte, quizás?
¿Será, tal vez, que no voy de la vida hacia la muerte, sino de una muerte a otra muerte?

Es probable que si existe realmente una respuesta, sólo la pueda encontrar del otro lado de la puerta de la vida. Al final de cuentas, ¿no es más ancha la muerte que la vida? Quizás la vida física sólo sea una experiencia necesaria que aporte a la perfección de la verdadera vida, aquella que queda envuelta en ese término de imaginario trágico que es la muerte y que podría ser el espacio donde al fin me reencuentre con todas las vidas que he vivido o con todas las memorias de todas mis muertes...

Después de todo, la muerte es la antesala (más amplia o más breve) de la renovación. Veo cada día, a cada instante cómo mueren y nacen cosas, seres, situaciones, ideas. Vidas...

Estoy y me pregunto, pero las respuestas no llegan...

Sombra de mí...


Vive adherida a mí. Es un ser opaco, sinuoso, amoral. No conoce el bien ni conoce el mal.
Anda por la vida prendida a mis pies, me imita y se burla de mí. Sabe bien que puedo hacer lo que sea o lo que quiera, pero jamás seré capaz de desprenderme de ella. Me limita y siempre se las compone para hacerme quedar en evidencia.
Sin embargo sé que a ella le disgusta la certeza de que depende y dependerá de mí por siempre. Únicamente yo le puedo dar vida...

Es mi compañera permanente, adaptable e indiscreta y lleva una carga muy pesada, que es saber que no podría existir si no hubiera en mí una mínima luz...


La "nada" que lo contiene todo...


Suele decirse que la única certeza que tenemos es que nacemos y morimos. Sin embargo, a cada paso la realidad me demuestra que no existe una única verdad, como tampoco una sola realidad (si es que la verdad y la realidad existen).
Tal vez lo que más se acerca a "la verdad" es que ni siquiera nacemos y morimos, sino que trascendemos. El nacimiento y la muerte son estados circunstanciales de un mismo proceso. Un proceso que no tiene ni tiempo ni plazos, sino que es el todo.
Al ser trascendentes, el tiempo deja de existir pues carece de sentido como tal. Creemos que el reloj y el calendario rigen nuestras vidas, sin embargo son sólo instrumentos creados por el ser humano y cuyo único sentido es poder tener un cierto orden en el segmento que transitamos en determinado punto y que denominamos ampulosamente como "la vida".

Es así que el tiempo es simplemente una ilusión conveniente a determinados fines, pero insustentable como idea de supuesta realidad concreta e inamovible. Al ser trascendentes, el tiempo desaparece, se diluye en su propia esencia. Esto es, en la nada.
No hay pasado ni presente ni futuro. En primer lugar porque es algo tan relativo y dual como lo es todo en el universo, en la mente y en lo que denominamos "vida". Siempre se dependerá de la percepción de cada individuo, de cada Ego, de la circunstancia y del punto evolutivo de cada cual. Nunca el pasado será el mismo para dos personas. Tampoco el presente o el futuro.
Por otra parte, la idea de pasado, presente y futuro son absolutamente inasibles. En el mismo instante tenemos siempre tres puntos del "tiempo", siendo el presente el más absurdo de los instantes. Quizás, si eso fuera posible, el más fugaz de todos. Antes de pronunciar la palabra "presente", éste ya es pasado. Se puede decir que la misma cosa sucede con el "pasado" y con el "futuro". Por eso, todo sucede a la vez, inevitablemente. Estoy convencida de esto, aunque resulte poco menos que imposible para mí dar una explicación exacta del fenómeno. Pero sabemos que casi nada puede ser explicado de manera sencilla y clara, hasta para cada uno de nosotros mismos, así y todo creemos tener certezas de casi todas las cosas...

Si somos trascendentes, si trascendemos a la vida y a la muerte, ¿cuál es el pasado, el presente o el futuro? Estamos en un movimiento constante, aún en lo que conocemos como la "muerte" que no es más que un cambio de estado, un paso necesario para seguir nuestro camino. Lo imagino como un círculo. No un círculo vicioso, sino virtuoso. Un camino circular por el que constantemente estamos volviendo a puntos que dejamos atrás, no como involución sino para perfeccionarnos y evolucionar. Recorremos cada punto contenido en el círculo conociéndolo, reconociéndolo y optimizándolo hasta llegar a la perfección. El círculo es, en definitiva, como el número cero, que es "nada" y lo contiene todo...

Flujos y reflujos...


Tan largos son los caminos de mis noches y tantos los escondidos senderos, tan variadas las incomprensibles bifurcaciones y los oníricos paisajes. Tan extenso e imponente el caudaloso río de los diminutos latidos del corazón que me pierdo en mí misma y sucumbo en la seguridad de mis confusiones. Cada noche y en cada madrugada...

Y es la maravilla que cada mañana todas mis vertientes confluyen en mí. Me reconozco a pesar de las distancias recorridas, de las vidas separadas, de los universos que me alejaron de mí misma en los minutos y segundos de ese tiempo incomparable e impalpable, evanescente e irreal...
Y es entonces que me cuento lo que fui para saber lo que seré, porque es allí, en esos pálidos recuerdos nocturnos donde la irrealidad de lo real se despliega como la brisa en los trigales, invisible y ondulante, que está la verdad. Susurrante. Incorpórea...

Es allí que yo estoy conmigo y nos vemos las caras y nos escuchamos la voz. Allí es cuando somos las mismas aunque ya no lo seamos. Crecimos juntas por mil diferentes caminos atosigados de estrellas y es así que bajo el sol de las mañanas nos sabemos más sabias, más tiernas, más llenas de paz. Más allá del ego y más acá del alma y vuelvo a ser todas mis vidas en un sólo yo...

Huellas...


Voy dejando mis huellas aúricas por donde quiera que voy.
Quiera o no, es mi marca para esta vida y para siempre.

Alguien después (o antes) que yo las descubrirá alguna vez, a alguien les serán útiles para algo o a algún otro podrán perturbar. De mí depende la pureza de lo que dejo y de lo que dejé y de cómo deseo que me perciban cuando ya no esté aquí, cuando ya todo sea sólo recuerdos guardados en algún álbum de fotografías desteñidas…

Collage...


Y sí…

Somos un collage de sentimientos y sensaciones encontradas, opuestas, dislocadas y juntamos nuestras partes como podemos. A veces bien, otras veces no tanto…
Sueños y realidades. Imaginación y pesadillas. Dolores, alegrías, tristezas, desazones. Todo mezclado al azar o por el capricho de nuestras circunstancias.

O inclusive puede suceder que sean los demás quienes nos van armando. Cada cual a su manera, cada uno según sus gustos o disgustos. Nos crean y nos recrean, nos hacen a su imagen e imaginación…

Y no podemos hacer nada para evitarlo.

¿No podemos?

Viajeros...


Tantos se han ido!
Tantos como los que han vuelto y tantas veces como las que yo me fuí…
Y siempre volvemos todos a seguir intentando, a seguir creciendo, a intentar seguir, a crecer intentando…

Hasta no volver…

No existen los afueras...


Por más rápido que corra y aunque corra toda la vida, nunca llegaré a ningún lugar. 
O llegaré a todos los lugares. 
Porque todo estará siempre dentro de mí: el tiempo, la distancia, los lugares.

Porque nada existe ni sucede por fuera de mis pensamientos. 
Por fuera de la frontera de mis propias ilusiones. De mis imágenes. De mis perspectivas…

Dualidades...


Entre el adentro y el afuera…
Entre la luz y la sombra…
Entre lo que debo y lo que no debo…

Entre lo que soy y lo que quisiera ser pero no soy…

Espaldas...



Así me siento hoy, de espaldas al mundo…

Alguna vez tenía que decidirme a dejar de estar de espaldas a mí misma…

Palabras...


La gente tiene la fantasía de que las palabras duermen dentro de los libros a la espera de que nosotros decidamos prestarles atención. Que están pendientes de nuestra voluntad para poder ver la luz durante los minutos que tardamos en leer una página y pasar a la siguiente. Que las palabras sólo despiertan durante esos breves minutos y luego vuelven a dormir durante días o años…

Lo cierto es que las palabras fluyen libremente por el espacio, por los bosques y los mares, por los pueblos y por la casa toda y sólo se posan sobre el papel cuando abrimos el libro. Se acomodan de tal manera que podamos leer lo que decidimos leer…
Y cuando damos vuelta la página, hasta allí van ellas rápidamente para continuar con la historia…

Si fuéramos lo suficientemente rápidos como para abrir el libro en cualquier parte antes de que las palabras tuvieran tiempo de llegar a la página elegida, encontraríamos que no hay nada. Que la página está totalmente en blanco y entonces sí, de pronto veríamos cómo mágicamente se puebla de sentidos, de ideas, de ilusiones y de historias.
De palabras……

Palabras...


No somos nosotros los dueños de las palabras, no nos pertenecen. Ellas sólo vienen generosamente en nuestra ayuda y nos permiten jugar a que las gobernamos y las moldeamos. Que las combinamos a voluntad...
Las palabras no pueden ser escritas ni dibujadas, aunque eso creamos. Ni siquiera se puede decir que son pensadas, buscadas, elegidas o inventadas…

No se las puede recluir en un papel o en un tintero. Ellas existen aunque no las invoquemos. Se presentan como espíritus que hablan en silencio y van corriendo de página en página de un libro, de un cuaderno o del corazón. Y nos acarician, aún sin darnos cuenta… Y cuando están seguras de haber embebido nuestra piel con la sustancia de su lejana sabiduría, con el perfume de sus paisajes inventados, se alejan sin que nos demos cuenta a poblar otras historias…

Volver para seguir...


Inevitablemente, más tarde o más temprano, descubrimos que nuestro pasado se sume en la niebla. 
En una bruma que inquieta y atemoriza…
Pero quizás lo que más miedo nos produce es tener la certeza de que algún día deberemos sumergirnos en ese espacio propio y atemporal para encontrar la verdad y poder seguir caminando en paz…

De piel y de miradas...


No importa la piel ajada, poblada de grietas, surcada de arrugas. 
Lo único valioso, lo trascendental es la luz llenando los espacios y la mirada abierta al horizonte…

De paso...


No me preocupo si las personas pasan delante de mí sin siquiera enterarse de que existo. 
Después de todo yo no soy diferente a ellos y he hecho lo mismo durante toda la vida…
Esto no es en sí mismo ni bueno ni malo. 
Sólo que es una pena que perdamos tantas oportunidades de ensanchar infinitamente nuestros pequeños mundos…