El miedo en las alas...


El camino personal suele ser muy solitario. Hasta por momentos se nos parece pavorosamente solitario…
Sin embargo, siempre llega un momento en que debemos darnos a conocer y se nos hace imprescindible buscar la compañía de los afectos para aliviar la carga, para liberar las fuerzas que durante años o siglos hemos concentrado en la boca del estómago.

El tiempo de tomar aire ha llegado para mí pero los miedos me retienen, me atenazan la mente y el corazón. Me mantienen las manos atadas y los pies en el lodo...

Y quiero volar…

Espejos...


Los verdaderos espejos no siempre son de cristal...
En realidad, nunca lo son...

Si...


Si entendiéramos que no existe otro destino para el espíritu más que el amor…
Si nos diéramos cuenta de que todo lo demás es un producto demasiado menor del falso ego…

Si alcanzáramos a vislumbrar que con cambiar uno sólo de nuestros pensamientos negativos y egoístas, el mundo entero podría ser diferente…

Si fuésemos capaces de retener en la piel lo que guarda el alma después de un beso... el orgullo, la vanidad y la codicia serían sólo un mal recuerdo…
Si supiéramos el verdadero valor de un beso por el amor puro y perfecto que transmite. O si al menos lo imagináramos… la guerra, el poder y el dinero serían apenas un espectro moribundo de una olvidada pesadilla…

"El negro". Hermosa historia real...


La escritora española Rosa Montero publicó en el mes de enero de 2012 en su columna, una anécdota refrescante y conmovedora sobre la convivencia entre extranjeros y los nacionales de un país. El artículo titulado 'El negro'ha causado gran conmoción entre la población inmigrante de España.

Una historia de apenas tres párrafos se convirtió en el artículo más leído del periódico el País de España, en su página de internet. Son líneas conmovedoras sobre la inmigración, uno de los temas más delicados y que mayor preocupación genera entre los ciudadanos europeos. La anécdota que cuenta Rosa Montero es uno de los temas más comentados en redes sociales y considerada por el escritor brasilero Paulo Coelho como lectura obligada.

Esta es la anecdota:

Estamos en el comedor estudiantil de una universidad alemana. Una alumna rubia e inequívocamente germana adquiere su bandeja con el menú en el mostrador del autoservicio y luego se sienta en una mesa. Entonces advierte que ha olvidado los cubiertos y vuelve a levantarse para cogerlos. Al regresar, descubre con estupor que un chico negro, probablemente subsahariano por su aspecto, se ha sentado en su lugar y está comiendo de su bandeja.

De entrada, la muchacha se siente desconcertada y agredida; pero enseguida corrige su pensamiento y supone que el africano no está acostumbrado al sentido de la propiedad privada y de la intimidad del europeo, o incluso que quizá no disponga de dinero suficiente para pagarse la comida, aun siendo ésta barata para el elevado estándar de vida de nuestros ricos países. De modo que la chica decide sentarse frente al tipo y sonreírle amistosamente. A lo cual el africano contesta con otra blanca sonrisa. A continuación, la alemana comienza a comer de la bandeja intentando aparentar la mayor normalidad y compartiéndola con exquisita generosidad y cortesía con el chico negro. Y así, él se toma la ensalada, ella apura la sopa, ambos pinchan paritariamente del mismo plato de estofado hasta acabarlo y uno da cuenta del yogur y la otra de la pieza de fruta.

Todo ello trufado de múltiples sonrisas educadas, tímidas por parte del muchacho, suavemente alentadoras y comprensivas por parte de ella. Acabado el almuerzo, la alemana se levanta en busca de un café. Y entonces descubre, en la mesa vecina detrás de ella, su propio abrigo colocado sobre el respaldo de una silla y una bandeja de comida intacta.

Dedico esta historia deliciosa, que además es auténtica, a todos aquellos españoles que, en el fondo, recelan de los inmigrantes y les consideran individuos inferiores. A todas esas personas que, aun bienintencionadas, les observan con condescendencia y paternalismo. Será mejor que nos libremos de los prejuicios o corremos el riesgo de hacer el mismo ridículo que la pobre alemana, que creía ser el colmo de la civilización mientras el africano, él sí inmensamente educado, la dejaba comer de su bandeja y tal vez pensaba: "Pero qué chiflados están los europeos". Rosa Montero

Historias perdidas y encontradas...


Unos papeles amarillentos, un mueble con marcas imborrables o una canción que suena a púa gastada.
Un libro surcado de miradas, un dibujo casi desaparecido o una foto ajada y sepia.
Una copa opacada, un reloj cansado o una prenda de vestir con aromas añejos...

Todo tiene vida. Mucha vida...

Tiene la historia de su propia existencia y la de quienes dejaron en los objetos las huellas de sus instantes de vida. Volver a verlos, rescatarlos o redescubrirlos es devolverle la vida a sus antiguos dueños. Es permitirles regresar a la luz a aquellos que arrastró la sombra alguna vez...

Cuando me encuentro con algún objeto así no puedo resistir la tentación, la necesidad imparable de apoyar mis dedos, recorrer su textura y recoger sus vibraciones subyacentes. Creo no estar loca pensando que puedo sentir los imperceptibles latidos de sus historias maravillosas o terribles, gloriosas o patéticas...
Cada ínfimo átomo de sus esencias adormecidas recobra el alma y se me prende a la piel y la sangre como un espíritu ávido de vida y de luz.

Las rugosas paredes de un edificio perfumado de humedades y aires que olvidaron escapar a los cielos, hablan de palabras y caricias, de odios y amores, de vidas y muertes.
Hablan de nosotros mismos cuando aún no éramos...

Hablan.
Todos estos viejos espectros, hablan.
Nos hablan, aunque muchas veces nuestros oídos estén dormidos.
Sin embargo, nos hablan igual.
Hablan con su halo de pasados eternos.

Me hablan...
Por eso los amo tanto...

Más vale dudar que creer...


Siempre digo que a partir de Albert Einstein aprendimos que todo es relativo, empezando por el tiempo y por la verdad. Y como una especie de pequeña confirmación de esto les quiero mostrar este gif que me parece no sólo muy ingenioso y divertido sino que también nos introduce en el fascinante mundo de lo "relativo"...

No solamente no debemos creernos los poseedores de la verdad absoluta, sino que además es necesario y hasta imprescindible desconfiar o dudar de nuestros propios sentidos.
El viejo dicho "ver para creer" puede ser cierto en muchos casos y para múltiples situaciones de nuestra vida, pero no para todas. Es que es tan fácil que nuestra vista nos engañe que a pesar de lo valiosa que es, me animaría a decir que es el más estúpido de nuestros sentidos. Muchas veces nos puede llevar a cometer errores gravísimos.
Y si no estaban convencidos hasta ahora, creo que al ver este pequeño gif al menos habrán comenzado a dudar en darle tanto crédito a nuestros ojos y tanta importancia a lo que vemos...

Pequeños pies...


Siempre que pude
escapar a la mirada
de los mil espejos,
mis pies bailaron.
Pequeños,
livianos
y libres.

Pero al fin la vida
se ocupó con saña
de abrir mis ojos
y estas llagas,
de amordazar mi boca
y embrutecerme el alma.

De detener mis pasos…

Mariel