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Testigo...


Por momentos las ventanas de mi casa parecen convertirse en espejos empañados que reflejan o traslucen un mundo enfermo y hambriento. Puedo ver un cielo trágico que apenas asoma y sobrevuela amenazante por encima de las cabezas de los que caminan sin saber en realidad hacia dónde, transitando sigilosamente por la vida y la inconsciencia.

Desde lejos, como testigo privilegiada y angustiada, percibo la abulia y la desesperación de hoy y la resignación de mañana. 

Lo que aún no alcanzo a comprender es si se trata de una ilusión o de un mal sueño;  de un presentimiento enfermizo o de un presagio macabro. Lo único que tengo por cierto es que esta tierra casi agonizante se encamina a convertirse en un páramo transitado por los fantasmas de los que fueron, de los que aún somos y de los que no podrán ser, porque nada de lo que existe permanecerá ni nada de lo que vaya a existir perdurará. Tal vez sólo resista aquello que los sentidos no captan y que podrían ser lo eterno, el amoroso combustible del universo.

Pero por estos días lo que me desconsuela es no saber adónde se habrán ido los gorriones de mi infancia.


Lo que los ojos no ven...


¿Cuánto horror hay más allá del horror?
¿Cuánto dolor detrás de lo percibido cada día, cada noche y en cada palabra?
¿Cuánta más vida y cuánta más muerte subyacen bajo de la superficie o al otro lado de mi breve mirada?
Las voces que me rodean se hacen inentendibles, guturales, como murmullos inhumanos. Son voces de seres sin rostro u ocultos tras las máscaras de sus propias alienaciones, penurias y miserias.
Donde hubo vida descubro ruinas y donde hay vida escucho lamentos fantasmales.
Hay una sombra. Más que una sombra, un ente sombrío que se cierne sobre la inocencia de las gentes, que las atrapa con sus manos gelatinosas, las pervierte y al fin las desecha.
Pareciera que nadie es capaz hacer nada. Tampoco yo, que me encierro en mi guarida de huesos, músculos y tendones doloridos intentando sentir el dolor verdadero.
Un dolor personal que me aleje por un instante del espanto colectivo.
Entretanto las luces de la ciudad parecen distraídas, ajenas, distantes. Parpadean más rápido que mi corazón y que mis pensamientos. Me encandilan, me entorpecen los sentidos, me engañan y me desgastan.
Otras sombras como yo pasan a mi lado y yo misma soy una otra sombra que pasa a través de ellos.
En alguna calle un maniquí roto y desmembrado se desangra con lágrimas de resina y de sal al pie de los edificios de hielo semi ocultos tras interminables cortinas de hule que danzan sus danzas macabras; indiferentes, ajenos, impíos. Distorsionan el verdadero rostro del engaño, de la mentira insidiosa, de la impiedad.
Es el horror más allá del horror.
El dolor de cada día, de cada noche y de cada palabra.
La muerte empujando a la vida hacia los subsuelos de cemento, hacia las espeluznantes catacumbas de la verdad.


Charito se durmió...


Charito es un copo de nieve,
un trozo de cielo escondido.
Un coro de luz cuando llueve,
un lloro en mi cuenta del debe.
Buenos Aires amor baldío,
de besos de concreto y frío,
endulza tu palabra helada
que Charito está cansada,
sin sol, sin fe. Sin paz y sin bríos.

Se durmió como si tal cosa,
las manitas haciendo almohada
y el cruel agobio de frazada.
Baila un sueño de mariposa
por nubes de azúcar y rosas.
Sin hambre ni frío. Sin penas.
Ni una lágrima la encadena
a un mundo de labios marchitos.
Me has dejado sola, Charito,
con mi alma colmada de hienas.

(*) Escrita el 6 de junio de 2004, cuando aún quedaban cientos de chicos durmiendo y muriendo en las calles (como volvemos a ver hoy)


Presente contínuo...


Es aquel
un hombre extraño.
Un ser alado
sin historia ni recuerdos,
sin espectros ni futuros.

Es su cuerpo
un ente enfermo,
seco y descarnado.

Triste sombra demacrada
que jamás pudo volver
porque nunca ha partido.

Son sus alas, esas alas,
sólo un símbolo de nada.

Gritos silenciosos...


Cuando el tedio ya se arrastra
desde el sur de los sueños rotos
hacia el norte inmutable
de la fiel desesperanza,
hacia la mohosa cueva
donde suelen refugiarse
las agrias coordenadas
del espanto cotidiano.

Cuando se asustan las luces
por la noche o por la nada.

Cuando se evapora la calle
y las horas son puñales.

Cuando ya no hay rincón
ni hay esquinas ni cavernas
donde quede alguna voz,
una risa a todo grito
o siquiera un llanto amargo.

Cuando el aire adormecido
mata el sol a dentelladas

y el cielo calla,
y el cielo reza,
y el cielo muere
sin saberlo y sin decirlo.

Cuando el mundo ha estallado
entre orgías de dolor
y onanismo de principios.

Cuando veo a cualquier Dios
bendiciendo sin pudor
una daga y un cañón,
un misil y un marine.

Cuando todo se coagula
porque huyeron los abrazos
pues la vida se distrajo
recordando una quimera.

Cuando veo lo que veo,
cuando siento lo que siento,
es mi tiempo de saber
que este día es la partida
y esta hora es la señal
de que he muerto un poco más.



FLORES FLORES FLORES!

Cuando comenzaron a aparecer este tipo de florales en la moda femenina, mucho no me gustaban. Me parecían demasiado recargadas.
Sin embargo, poco a poco me fueron ganando y ahora puedo decir sin dudas que me encantan!
Para cambiar un poquito la temática del blog, quiero compartir estos modelitos que me gustan mucho, mucho...
Espero que los disfruten!

(Dar clic en cada imágen para verlas en su tamaño original)

Glamour irresistible...

No soy de las que mueren por ver un desfile de modas, ni en vivo ni por la tele, pero no puedo negar que me encantan muchos de los vestidos de la llamada "Alta Costura"... A sabiendas de que son artículos de lujo, eso no me impide apreciar y admirar su belleza. Casi como si de obras de arte se tratara...

MUY FELIZ AÑO NUEVO!!!


A todos los que conozco y a los que no, a los que me siguen y a los que no lo hacen. A los argentinos y a quienes viven en la Argentina...

Lo mejor para todos ustedes y que se cumplan todos sus sueños personales y todos los sueños que compartimos...

FELIZ 2014, ARGENTINA...!!!

"El negro". Hermosa historia real...


La escritora española Rosa Montero publicó en el mes de enero de 2012 en su columna, una anécdota refrescante y conmovedora sobre la convivencia entre extranjeros y los nacionales de un país. El artículo titulado 'El negro'ha causado gran conmoción entre la población inmigrante de España.

Una historia de apenas tres párrafos se convirtió en el artículo más leído del periódico el País de España, en su página de internet. Son líneas conmovedoras sobre la inmigración, uno de los temas más delicados y que mayor preocupación genera entre los ciudadanos europeos. La anécdota que cuenta Rosa Montero es uno de los temas más comentados en redes sociales y considerada por el escritor brasilero Paulo Coelho como lectura obligada.

Esta es la anecdota:

Estamos en el comedor estudiantil de una universidad alemana. Una alumna rubia e inequívocamente germana adquiere su bandeja con el menú en el mostrador del autoservicio y luego se sienta en una mesa. Entonces advierte que ha olvidado los cubiertos y vuelve a levantarse para cogerlos. Al regresar, descubre con estupor que un chico negro, probablemente subsahariano por su aspecto, se ha sentado en su lugar y está comiendo de su bandeja.

De entrada, la muchacha se siente desconcertada y agredida; pero enseguida corrige su pensamiento y supone que el africano no está acostumbrado al sentido de la propiedad privada y de la intimidad del europeo, o incluso que quizá no disponga de dinero suficiente para pagarse la comida, aun siendo ésta barata para el elevado estándar de vida de nuestros ricos países. De modo que la chica decide sentarse frente al tipo y sonreírle amistosamente. A lo cual el africano contesta con otra blanca sonrisa. A continuación, la alemana comienza a comer de la bandeja intentando aparentar la mayor normalidad y compartiéndola con exquisita generosidad y cortesía con el chico negro. Y así, él se toma la ensalada, ella apura la sopa, ambos pinchan paritariamente del mismo plato de estofado hasta acabarlo y uno da cuenta del yogur y la otra de la pieza de fruta.

Todo ello trufado de múltiples sonrisas educadas, tímidas por parte del muchacho, suavemente alentadoras y comprensivas por parte de ella. Acabado el almuerzo, la alemana se levanta en busca de un café. Y entonces descubre, en la mesa vecina detrás de ella, su propio abrigo colocado sobre el respaldo de una silla y una bandeja de comida intacta.

Dedico esta historia deliciosa, que además es auténtica, a todos aquellos españoles que, en el fondo, recelan de los inmigrantes y les consideran individuos inferiores. A todas esas personas que, aun bienintencionadas, les observan con condescendencia y paternalismo. Será mejor que nos libremos de los prejuicios o corremos el riesgo de hacer el mismo ridículo que la pobre alemana, que creía ser el colmo de la civilización mientras el africano, él sí inmensamente educado, la dejaba comer de su bandeja y tal vez pensaba: "Pero qué chiflados están los europeos". Rosa Montero

Los 7 pecados modernos...


El novelista español (vasco, para más datos) Pío Baroja describió sintética pero genialmente las clases de personas que componen una sociedad. El se refería a los españoles de su época, pero perfectamente puede decirse exactamente lo mismo para cualquier sociedad actual, donde creemos que estamos muy informados y que todo lo sabemos. Sin embargo no es así. Si nos ponemos a pensar un poquito, veremos lo acertado de su descripción y cómo se adapta a nuestras sociedades que organizan sus vidas, sus pensamientos y sus decisiones por lo que dicen los medios de comunicación.

Esto es lo que dijo Baroja en el año 1904:

La verdad es que en España hay siete clases de españoles, sí, como los siete pecados capitales.

A saber:

1) Los que no saben;
2) Los que no quieren saber;
3) Los que odian el saber;
4) Los que sufren por no saber;
5) Los que aparentan que saben;
6 )Los que triunfan sin saber, y
7) Los que viven gracias a que los demás no saben.


Sin embargo y afortunadamente, los pueblos comienzan a despertar. Comienzan a tomar conciencia de cómo son manipuladas sus voluntades. En algunos lugares, tímidamente. En otras partes, con mayor ímpetu y decisión.

Nos venden como verdades únicas y absolutas algunas cosas que ni son absolutas y ni siquiera son verdades.

Nada es absoluto. Todo es relativo. Con mucha más razón, la verdad. No existe una única verdad, sino tantas como personas existen. Cada uno de nosotros tenemos una porción de una determinada "verdad", por eso debemos descreer de quienes se arrogan decir la verdad o ser "periodistas independientes"...