Murmullo sin tiempo...
En la constelación infinita,
en la memoria atemporal,
seré sombra efímera.
Desdibujada y borrosa.
Evanescente...
Guardo la modesta esperanza
de extender la mirada
como el leve espíritu de un destello
aprisionado en una foto ajada en sepia.
O tal vez
sostener el aliento por un instante,
como luciérnaga moribunda que lleva el viento.
Como melodía inconclusa.
Como murmullo del mar...
Responso...
Salitre, viento
y la roca dormida.
Esbozo primero
de un tiempo continuo
que nos vuelve a juntar.
En tu espera paciente
recreo la ilusión
de que seas regazo
para toda mi historia,
la que recuerdo
y la que,
por compasión a mí misma
limé de mi piel.
Entre tus largos murmullos
se irá mi nombre,
mi carne toda
y hasta mis latidos,
aún antes de latir.
En tu aliento primitivo
quedará escrita
mi única virtud,
como un primer horizonte
desde donde partir
cada mañana.
Mariel
Creyente...
Si de creer se trata,
diría que fui siempre
una suerte de creyente,
una ilusa practicante.
Creí que el tiempo no fluía,
que era un mero formulismo.
Un manto imperceptible,
tan eterno como mío.
Creía que el amor
se adhería con un beso,
y que mil besos desterrados
perpetuaban el dolor.
Creí en lo firme de mis huesos,
en lo fresco de mis sienes
y en la agreste insurgencia
de la carne desmadrada.
Creí siempre que la vida
podía ser miles de cosas,
pero nunca esta quimera.
Este irse poco a poco.
Mariel
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